PERDONAR ES EL CAMINO

El lunes encontré un reto en las redes sociales de la alegría. Consistía en publicar una foto diaria durante 7 días con mensajes que trajeran un poco de alegría a las personas que lo leyeran. Me pareció un gesto tan pequeño, pero tan significativo. Cualquier persona en estos tiempos tumultuosos podía ver mi mensaje y sentirse alegre por el resto del día. Me comencé a preguntar cuál es realmente la causa de nuestra alegría. ¿Qué es lo que realmente hace que sonriamos con todas nuestras fuerzas a pesar de las cargas pesadas que arrastramos diariamente? Pensé mucho en esto, llegando a la conclusión que una vida sin rencores es lo que realmente te trae una gran alegría y una gran paz. El no tener rencores en nuestros corazones nos libera y está directamente relacionado con nuestra habilidad de perdonar.

El perdón es un tema, me parece a mi, sobre explotado. Hay mucho material sobre el perdón. Sin embargo, solo porque se haya escrito mucho de esta acción, no quiere decir que la comprendamos ni la asimílenos como realmente es. En estos pasados días he estado en contacto con tres personas que me han demostrado lo que es realmente el perdón.

Un muy buen amigo mío, hace unos días pasó por un circunstancia difícil. Él es una persona dedicada al bienestar de las personas que lo rodean. De verdad, es una buena persona. La situación va así: una persona, que en algún momento estuvo cercana a su vida, lo denunció por agresión. Él nunca se dio cuenta hasta hace poco. Cuando te dicen que estás denunciado sin saber por qué, es de asustarte. Mi pobre amigo no dormía, no comía y tenía una angustia permanente. Cuando por fin averiguó todo lo que había pasado, se dio cuenta que la denuncia nunca prosperó y que al no haber fundamentos se desestimó la misma. Mi amigo, por feliz que se sentía, estaba asustado con la acción dolosa de la persona. Había tenido toda la intención de calumniarlo a base de una mentira. Después de un par de días de darle vuelta al asunto, mi amigo me llamó y me contó todo su proceso. Me dijo que él perdonaba a quien le había hecho tanto daño. Esa persona sabía que las repercusiones de la denuncia serían devastadoras para mi amigo. Mi amigo me dijo que él decidía perdonar, no por ella, si no por él. Él no podía cargar con el daño que esta persona le había intentado hacer, y para seguir creciendo, ayudando y teniendo alegría en su corazón, debía perdonar. Dejar ir.

Cuando yo tengo que escribir de un tema, de verdad, la vida se luce presentándome situaciones para que no tenga duda del tema. Dos personas en mi vida, sumamente importantes, han pasado por situaciones de dolor muy duras. Estas situaciones no fueron accidentes, no fueron circunstancias de vida que acontecieron por error. No. A estas personas las hirieron con todo el propósito del mundo. Sin embargo, si ustedes conocieran a estas personas, dirían que son las más radiantes qué hay. Sin importar sus situaciones dolorosas, infringidas en su momento por personas a las que ellos amaban, decidieron tomar el paso de perdonar. De darles amor y luz a las personas que las hirieron. Su perdón fue mucho más allá de solo estar en paz con ellos mismos, si no que también tomaron la decisión de ayudar a las personas que los maltrataron de distintas maneras. Dejando a un lado la soberbia y los egoísmos, estas personas viven hoy felices y plenas, sabiendo que dejaron una marca de amor en aquellos, que si me preguntan a mi, no se lo merecían.

Estas tres personas me demostraron que no soltaron por los otros, soltaron por ellos. Decidieron amar no por los otros, si no por ellos. Nosotros enfocamos el perdón en la otra persona, en la persona que por algún motivo nos ofendió o nos hirió. Pensamos que si perdonamos habremos hecho algo increíble por ese alguien, hasta somos soberbios al pensar que tenemos esa potestad para perdonar. Pero no es así. Donde habita el rencor, la supremacía o la soberbia, es imposible que reine la libertad. Perdonar no hará libre a la persona que nos hirió, nos hará libres a nosotros. Perdonar no es solo soltar el cuello del otro, pero también es darnos chance a nosotros mismos de respirar.

El perdonar es un regalo invaluable que nos hacemos a nosotros mismos. No porque seamos “macizos” y nos creamos la gran cosa, pero porque merecemos paz y merecemos vivir alegres, libres y felices.

Creo que todos guardamos en algún espacio de nuestro interior algo que perdonar. Les propongo, mis queridos lectores, un trato: les propongo ver desde del amor las circunstancias que nos hirieron y decir: “Suelto todo lo que me amarga. Perdono a quien me hirió y recibo la alegría en mi vida”. Porque al final del día, el perdón no cambia nuestro pasado, pero si amplía nuestro futuro.
¡Feliz Viernes! 😊

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