Quizás… Quizás… Quizás 💃🏼


De verdad yo quisiera algún día ofrecerles un Viernes de Nicole sin enredos. Limpio, con un solo hilo conductor. Sutil, podría ser, pero la sutilidad no es una gracia que Dios me regaló. Así que mientras tanto, (esperando que algún día se ordene), les ofrezco los ires y venires de mi vida. Hoy precisamente les traigo eso: un dilema entre la razón y el corazón. Entre lo correcto y lo incorrecto; contando los “quizá” y los miedos; y más que eso, las películas que nos armamos en la cabeza dirigidas por el miedo.

Por primera vez en seis años y medio, no desnudaré mi corazón completo ante ustedes. Va a ser un reto escribir así, porque nunca oculto nada, y la verdad, entre más espontánea soy, siento que ustedes lo disfrutan más. Este es un Viernes de Nicole con muchos retos, así que tomen unas palomitas y alístense. Como les dije la semana pasada “todos tenemos un secreto inconfesable, un arrepentimiento irreversible, un sueño inalcanzable y un amor inolvidable”, y aquí y ahora, convergen todos esos elementos, pero más que nada el secreto inconfesable (*Todos estos supuestos tienen un quizás implícito).

Estoy 100% segura que ustedes han escuchado la célebre frase de Blaise Pascal “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Sobre esta frase fundamento mi película. Mi corazón, en especial no entiende de razones, solo de pasiones. Hace nada, una amiga me dijo que era una romántica sin causa. Y si, en efecto es así es. Para mi sentir tanto, aunque sea duro, es señal de que estoy viva. Me cuesta ver con los ojos de la razón. Y es así con esta APASIONADA introducción que empieza nuestra flamante historia.

Cortazar escribió, “Del sí al no, ¿Cuántos quizá?” Y si me preguntan a mi, los “quizás”, son quizás lo más cabrón y jodido qué hay en el universo. Te pueden torturar la vida. Juegan con tu mente y te hacen crearte unas películas que Hollywood estaría envidioso. Mi último “quizá” se generó a base de comentarios emitidos por dos personas que jamás pensaron que los mismos tuvieran repercusiones en mi y menos este tipo de repercusiones. Lo hicieron de una manera total y completamente espontánea. No tuvo que pasar absolutamente NADA, para que mi mente comenzara con las maquinaciones. Estos comentarios hicieron que yo me creara una película así tipo “Nicole Spielberg”; en la cual yo era la directora, productora y protagonista de este espectáculo.

Sé que les tengo que dar un poco de contexto para la película de mi secreto inconfesable. Así que aquí va: hace un buen tiempo yo pasé por una situación que me trajo mucha alegría. Cómo todo en la vida y cómo dice Arjona: se terminó. Y todo bien. Nunca fue una situación a la cual yo le di mucho pensamiento. No sé si a base de miedo, reprimí y enterré un montón de emociones, pero la cuestión es que nunca me había percatado de ellos hasta que llegaron los comentarios la semana pasada. Después de las palabras dichas, mi corazón empezó con los “quizás”. Era una revolución. En cuestión de 3 días yo había hecho la filmación más compleja y detallada, que ustedes se puedan imaginar. Me dio vuelta al sentimiento y pensamiento en un dos por tres.

Hace un par de meses leí un libro escrito por una brillante hondureña llamado “Fearless” (sin temor), que plantea la pregunta: ¿Qué harías si no tuvieras miedo?” Y yo pensé “¿Quizá si yo no hubiera tenido miedo de hablar, decir o actuar, en aquel entonces, las cosas hubieran sido distintas?” Sumando el miedo y los quizás, la película estaba en su clímax. ¡Era algo que no logro explicarme todavía! Lo pienso y no lo entiendo. Tenían tantos quizás en mi cabeza y todos relacionados por unos sentimientos enterrados (de repente por miedo) que ni sabía que existían e inevitablemente los estaba sintiendo ahora. Estos “quizás” me hicieron tanto daño que me sentí físicamente mal. Pero más allá de los “sís, nos y quizás”, que mi mente generó, era lo que era correcto sentir o no sentir. En fin era un arroz con mango todo lo que yo tenía. Y mi película era un desastre.

Finalmente, después del relajo de guión que tenía en el corazón, después de mucha oración, alguien me dijo algo que me hizo entrar en razón: “Yo siento lo que siento, porque pienso lo que pienso”. Aquí sale sobrando la lógica de Pascal y entra la razón sobre el corazón. “Bueno, soy más de sentir que de pensar”, pensé para mi al escuchar estas palabras, Pero aquí me equivoqué. Bastó sentarme a analizar la situación con la precisión de un editor de películas para darme cuenta que era la razón la que gobernaba el corazón. Que desde el momento que yo decidí apagar la película por los mil y un motivos, esta cesó. Con lo que yo alimente mi mente, de esto se nutrirá mi corazón.

Nosotros debemos seleccionar nuestros pensamientos así como seleccionamos nuestra ropa cada día. Nuestra mente es tan poderosa que puede crear los más perfectos montajes, acelerando nuestro corazón, llenándonos de tristeza, sembrando mariposas en el estómago, miedos, etc. Si nosotros le damos rienda suelta que nuestra mente para que haga lo que quiera, nuestro corazón irá siguiendo y puede encontrarse con fiascos terribles: Así como yo con mi película. Que peligrosa puede resultar nuestra propia cabeza, ¿verdad?

En estos días de filmación, aprendí que los “quizás” son parte inherente de la vida, con todo y lo jodidos que son. Cuestionarnos si algo debió pasar o no, siempre vendrá a nuestra mente, pero es nuestra decisión cuánto lo dejamos crecer. Mi película finalmente terminó. Tiene una estupenda banda sonora y muy buenos diálogos, pero al final del día es eso: una película mental. Me hizo aprender más de mi y de mi mente, haciéndome saber hasta donde la puedo dejar volar. Aunque ya hayamos gritado “luz, cámara, ¡Acción!” Es nuestra decisión cuando decimos: “¡Corte!”
¡Feliz Viernes!😊

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