México Lindo y Querido

Desde hace 16 años mi familia y yo hacemos un viaje a un destino diferente del mundo. Ha sido una tradición muy hermosa. Claro, como en toda familia han habido sus “pleitecitos”, pero al final del día nos recordamos que nos amamos y se nos pasa. Mi mamá siempre ha sido del pensamiento de que el mundo es grande y no hay que perder el tiempo repitiendo destinos, sin embargo, cuando hablamos de México, esta máxima que mi mamá conserva, se rompe. 
Hace no tanto tiempo, mientras me encontraba en la escuela, en mi clase de español me introdujeron a la literatura de Carlos Fuentes. Mientras leía una de sus novelas cortas, “Aura”, no podía dejar de imaginarme la descripción de los lugares. Mientras la obra iniciaba, hablaba de cafés, librerías, calles ruidosas, de los cambios sociales y políticos de México, de todo lo que México había vivido; y toda aquella magistral descripción fue la radiografía que yo me creé en mi cabeza. Yo tengo una particularidad, una vez leo algo que me gusta, lo grabo en mi memoria para siempre y lo puedo volver mi realidad. Así que la descripción de lo que era para mi la Ciudad de México en la novela de Carlos Fuentes, iba a ser lo que yo vería por primera vez hace seis años que llegué a esta mágica ciudad. 
Este es mi tercer viaje a la Ciudad de México y no les puedo explicar que cada día me parece más intrigante, majestuosa e imponente. Desde el momento que uno va aterrizando se ve el despliegue de luces sin fin, realmente no se puede ni dimensionar su extensión, solo parecen miles de millones de fueguitos encendidos. Desde que salimos en el taxi del aeropuerto vamos viendo los imponentes monumentos por doquier. El motorista te va platicando acerca del nuevo presidente, de las nuevas reformas, de cómo la residencia de Los Pinos ya abrió como museo y el presidente anterior se llevó hasta las cortinas. Vas viendo coloridos restaurantes por todas partes y gente en las calles caminando. 
Al enfilarte hacia el Paseo de la Reforma, te encontras con el imponente Ángel de la Independencia, momentáneamente averiado por una marcha “feminista”. Podría  decir que son mis ojos de turista donde ven belleza en todas partes, pero no, realmente la Ciudad de México sorprende en cada esquina. Por dónde uno camina encuentra tesoros culinarios acompañados por música de acordeón. Los olores a tacos, esquites y nopales asados inundan todos los sentidos. Los verdes jardines, las flores, las luces, todo resulta sacado de una magistral novela de Fuentes. Mexico conserva su mística azteca, su estilo colonial, mezclado con su romántico estilo imperial y sentir revolucionario que se respira y se siente en el alma de su gente. 
Al caminar por los mercados y platicar con las personas te das cuenta de lo trabajadoras que son, de su nacionalismo y cómo pese a tantos desastres naturales, siguen levantándose día tras día. Su hospitalidad siempre te hace sentir en casa o mejor. Sus librerías, para mi, deberían ser consideradas tesoros mundiales, me puedo perder horas en ellas sintiéndome el historiador de “Aura”.
La radiografía que yo me hice de la Ciudad de México a través de la obra de Fuentes hace tantos años no ha disminuido, si no más bien se ha ido haciendo más palpable, más real. Lo que Carlos Fuentes escribió en 1962, tantos años después sigue envolviendo la mística de México, sigue hechizando. 
Hoy me despediré de México una vez más, con un corazón feliz, un estómago demasiado lleno, cantando al son de mariachis y recordado las mágicas palabras de Pedro Infante, “Los besos como el tequila se piden doble”. 
¡Feliz Viernes y que Viva México lindo! 😊

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