Amar a Dios

Febrero es de mis meses favoritos del año. Siempre lo ha sido desde muy pequeña. Me encanta eso de tener una excusa para ser extremadamente cariñosa y una razón perfecta para comer más chocolates de lo normal. Creo que hasta las flores se ponen mas bonitas en febrero.

Debido a que tengo cuatro Viernes en febrero, dedicaré los mismos a los amores que nos rodean.

Yo creo que sin Dios no hay nada posible. Creo que, de verdad, ni una tan sola hoja se cae sin que Dios así lo decida. No todos estarán de acuerdo con mi tesis y eso está bien. Sin embargo, soy de la teoría que todos debemos creer en algo. Tener nuestras ideas, sentimientos, y creencias arraigadas en algo. Creo que si solo acumulamos todo en nosotros mismos y no depositamos en un ser superior estás mismas, explotaremos.

Yo conocí el amor de Dios cuando menos me lo esperaba. Creo que así es, el amor de tu vida llega literalmente sin aviso. Yo me encontraba en una fiesta, con unos “dos que tres” encima y me encontré con una tía. Mi tía me dijo que ella me veía distinta, que había perdido mi brillo, que siempre me veía triste y que no era la Nicole que ella conocía. Esto era totalmente cierto. Yo le dije que no era cierto, aunque en mis adentros sabía que tenía razón. No es fácil que te confronten con tus realidades y mucho menos con “dos que tres” encima. Finalmente después de mis excusas y la charla que me dio, entre llanto de ambas, ella me invitó a una comunidad de oración. Luché en mis adentros para no ir, puse todas las excusas posibles, pero finalmente fui. Llegué con una actitud terrible. Pensaba “¿y en este culto que me irán a enseñar? Yo no soy Opus Dei, soy Opus night”. Sin embargo, el grupo comenzó. Yo sentía una vergüenza que no les puedo explicar. Nadie me estaba juzgado. Nadie me estaba viendo, pero en mis adentros sentía una pena y una vergüenza terrible. No tenía 10 minutos de haber empezado la oración cuando yo ya estaba muerta en llanto. A medida iba escuchando al monitor, comencé a entender que la vergüenza que tenía era porque Dios me había estado esperando y yo lo había rechazado cualquier cantidad de veces. Yo les puedo asegurar que desde ese día en adelante, mi vida cambio. El amor a Dios que yo, en algún momento había matado, comenzó a florecer esa tarde. Se creó en mi algo nuevo. Comencé a sentir cosas que nunca antes había sentido. Tenía una sed de Dios que seguramente había tenido por mucho tiempo y simplemente daba vueltas buscando saciarla en banalidades para quedar por completo seca nuevamente.

De verdad, con toda la honestidad posible del mundo, les reconozco que yo estaba llena de resentimientos, tristezas, dolores, angustias, y todo esto se reflejaba en mi, y era porque sencillamente no amaba a Dios. Mi vida era gobernada por momentos, acciones y actitudes muy lejanas al amor de Dios. Había sembrado esperanzas en cosas que nunca me iban a traer un fruto tan perfecto, grande e imperecedero como el amor de Dios.

¿Por qué entonces a los humanos nos cuesta tanto recibir un amor que nos ha estado esperando toda la vida, un amor que hace todas las cosas posibles y un amor que da todo? Simplemente porque tenemos una tendencia a complicarnos la vida buscando atajos fáciles. Porque preferimos darnos un gustazo y recibir el trancazo. Sufrimos y lloramos por todos los caminos errados que tomamos, teniendo un camino que nos llevará directo.

Yo conozco el amor que Dios me tiene y por eso he decido creer en él. El Papa Francisco dijo en la pasada Jornada Mundial de la Juventud, “decir “Sí” al amor de Dios es el primer paso para ser feliz y hacer felices a muchas personas”. Es verdad, el día que yo dije “Sí” al amor de Dios comencé a conocer lo que era la verdadera felicidad y aprendí a llevar la felicidad a los otros. Recuperemos nuestro brillo, nuestra alegría y empapémonos de este amor tan increíble.

Fuera del amor de Dios no hay nada. Amar a Dios me lleva a amarme a mi misma y, por ende, si me amo yo, podré amar a los que me rodean.

No nos cerremos a este amor tan bello y perfecto.

“El alma que está enamorada de Dios es un alma gentil, humilde y paciente”. San Juan de la Cruz.

¡Feliz Viernes! 😊

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