Un Simple Favor

¿Qué viene a sus cabezas cuando escuchan la palabra “favor”? A la mía vienen imágenes de ayuda a diferentes tipos de personas, pero lo que más se refleja en estas imágenes mentales es la humildad. Cuando alguien les pide un favor, ¿Cómo reaccionan? ¿Están prestos a ayudarlos de inmediato o analizan la situación antes de actuar? A veces nuestros sensores se encienden y comenzamos a imaginarnos cualquier cantidad de cosas, “¿será grave? ¿Podré ayudar?”

Cuando alguien a mi me pide un favor, la verdad yo no lo pienso mucho. Yo me comprometo y hago lo posible por ayudar, aunque a la larga no pueda cumplir con el favor.

Hoy les traigo dos breves cuentos. Dos personas que solicitaron favores de mi, de manera muy distinta y como su actitud hizo toda la diferencia.

Hace unos meses llegó una persona que conozco desde hace años y a quien guardo mucho cariño, a solicitar un favor de mi. La persona llegó con una humildad que tocó mi corazón. Terminamos llorando juntas. Ejecutar el favor era un poco complicado por la naturaleza del mismo. Sin embargo, las consecuencias que acarreaba hacer el favor eran bien difíciles de afrontar. Aunque sabía los problemas que llevar a cabo este favor podían traerme, me arriesgué. Me arriesgué porque esta persona llegó con su corazón en la mano. Fue increíblemente respetuosa, humilde, y jamás se impuso. Todo fue con amor. La verdad, me ganó el corazón y no pude negarme. Realicé con todo el agrado del mundo el favor. No se pueden ni imaginar los problemas que ayudar a esta persona me trajo, pero no me importó. Yo sabía que era lo correcto.

Días después recibí la llamada de una persona que nunca en mi vida había conocido. Esta persona también solicitaba un favor mío. Un favor un poco más fácil que el que anteriormente les mencione. Sin embargo, esta persona me llamó en horas de la noche, me tuvo dos horas en el teléfono y nunca agarro el valor de pedirme concretamente el favor. Al día siguiente, este desconocido me llamó exigiéndome que lo recibiera, que de urgencia ocupaba reunirse conmigo. Si yo hubiese tenido espacio, con el mayor gusto del mundo lo hubiese recibido. Sin embargo, esta persona y sus colaboradores nunca fueron humildes. Desde el primer momento se quisieron imponer. Uno de sus colaboradores no solo me habló feo, pero hasta se burló de mi lugar de trabajo, lo que causó en mi el peor de los malestares. Fue indignante su actitud de superioridad y displicencia hacia mi labor.

Pues los días pasaron y pensé que esta persona había desaparecido, pero me equivoqué. Volvió a aparecer. Pensaría yo que hubiese vuelto un poco más humilde acerca de lo que necesitaba, pero no fue así, regresó y regresó peor. Muy educadamente, pero con la sangre caliente, le contesté que lo que solicitaba de mi no era mi labor. Si esta persona ya me miraba de menos, se podrán imaginar ahora verdad. Finalmente, descubrí que esta persona había hablado pestes mías y hasta había involucrado a mi papá, que hace muchos años si le había hecho un GRAN FAVOR.

Mi sabia madre siempre ha dicho que debemos ayudar, siempre y cuando podamos, a todo el que se nos aproxime solicitando nuestra ayuda. Que no podemos ponernos en riesgo, pero si hay algo que podamos hacer por un ser humano, lo debemos de hacer. Siempre hay que ser humilde con TODO, ya que el camino de la vida es largo y nunca sabemos de quién necesitaremos un gran favor. Debemos sembrar bien para cosechar bien.

Y si, creo que mi mamá tiene toda la razón en cuanto ayudar a las personas y honestamente creo en el poder de favores, pero no creo en ayudar a alguien que se te imponga. No creo en ayudar a alguien que te maltrate al hablar aun cuando ni siquiera te conoce. Creo que sin importar qué tipo de favor realicemos, sea riesgoso o no, todo dependerá de la actitud con que te lo pidan.

Por lo general pensamos en los favores como si fuera un territorio minado, lleno de condiciones y deudas por cumplir, y la verdad es que debería de lo más sencillo y humilde. Lo que debería ser en un principio algo positivo en muestra de una buena relación, a menudo se transforma en un hecho incómodo.

Creo que siempre tenemos que tener nuestro corazón abierto a ayudar. De verdad les digo, yo quise ayudar a la persona prepotente que me llamó en un principio. Cuando ya vi que era una imposición más que un favor me embrequé. Me sentí increíblemente mal por no hacerlo, pero la verdad, es que la persona ni quiso hacer un esfuerzo por solucionar su problema.

Todos agradecemos que se nos hagan favores. Todos los necesitamos. Sin embargo, debemos tomar un cuenta cada una de las situaciones y ver si es viable o no el favor.

¡Feliz Viernes! 😊

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