Dolce Far Niente

Les debo de confesar que que desde el martes estoy tratando de escribir El Viernes de Nicole. De verdad, me senté a tratar de escribir y no salía absolutamente nada de mi. Comencé como cinco temas diferentes y no pude desarrollar ninguno. Llegó a tanto mi pereza que honestamente pensé en decir que El Viernes de Nicole estaba de Morazanico y no habría post este viernes.

Sin embargo, anoche mientras disfrutaba de un suculento plato de pasta en pijama con muchísima lluvia en la playa, decidí escribir sobre lo maravilloso que es disfrutar hacer nada.

El año pasado, mis papás y yo nos embarcamos en una aventura. Decidimos ir a Flores, Guatemala por carro. Fue una experiencia bella. En un día recorrimos el parque arqueológico de Tikal haciendo un total de 15 kilómetros. Subiendo infinidad de pirámides y disfrutando cada momento. Hubo una mañana que ni me podía levantar del dolor de piernas y nalgas de tanto subir las majestuosas pirámides. En nuestro último día en Flores, acordamos volver el año entrante para ir a más sitios arqueológicos y más aventuras juntos. Sin embargo, no contábamos con que mi mamá se sometiera a una operación en sus pies hace 12 semanas, haciéndosele imposible caminar las distancias requeridas para la expedición añorada.

Decidimos que lo mejor sería venirnos a la casa de la playa unos cuantos kilómetros adelante de Omoa, Cortés.

Yo me prepare como cualquier veraneante. Trajes de baño, anteojos de sol, shorts y mucho bronceador. ¡Vaya ilusión! Desde que llegamos el miércoles por la noche, no ha parado de llover. Y no, no hablo de una lluviecita interminente, ¡NO! Es un torrente de agua que ha inundado todo. Descartando por completo mis planes de tener un bronceado caramelo tentación.

Mientras estaba ayer en mi pijama a las 5 de la tarde pensando sobre que escribiría este post, en donde no me había mentado la madre con nadie, no había ido a la escuelita y nada extraordinario me había sucedido, se me ocurrió: “Hace este post de lo delicioso que resulta, a veces, hacer nada.”

Hoy en día llevamos vidas tan ajetreadas, en las que tenemos que cumplir con tantas obligaciones, que cada una de las horas de nuestra vida está programada. No es que nos moleste, pero todos llevamos una rutina de vida que debemos de cumplir o de lo contrario nuestras metas no se cumplen. Hay que levantarse temprano, hacer oraciones, bañarse, cambiarse, desayunar, brillar, trabajar, darse en la madre con la gente para sobrevivir, hacer algún tipo de ejercicio, ayudar, hacer el súper, pagar las cuentas, hacer el Viernes de Nicole o leer el Viernes de Nicole. En fin, miles de cosas que forman parte de nuestro día a día, que no es que nos quejemos de hacerlo, pero es la vida que llevamos. La vida con la que tenemos que cumplir y con la cual somos felices. Ese tren de vida cansa por mucho que lo podamos amar.

Pero, ¿recuerdan la última vez que hicieron nada? La última vez que no tenían que seguir un horario minuto a minuto, que su agenda estuvo totalmente libre. Alguna vez en la que solo estuvieron quietos, donde su cerebro no iba a lugares inesperados, solo estaba en el presente.

Los italianos utilizan la expresión “Dolce far niente” que significa “lo dulce de hacer nada”. En donde el descanso es un tema importante. Nosotros comemos bien, hacemos ejercicio, tomamos vitaminas. Hacemos todo lo requerido para llevar una vida saludable, pero ¿y el descanso? ¿Realmente descansamos? Pensamos que descansar es dormir, pero como es eso si hasta el último minuto estamos activos viendo televisión, en el celular, leyendo un libro, escuchando música. Cuando por fin cerramos nuestro ojos, lo hacemos con miles de ideas y planes en la cabeza.

En serio, les prometo que no recordaba la ultima vez que estuve disfrutando de hacer nada. Poder estar quieta sin pensar, sin TENER QUE hacer algo, sino solo disfrutar de la lluvia, de las pijamas y de lo rica que puede ser la vida sin exigencias. Que si no me bañaba y cambiaba, iba a dejar de hacer algo increíble, de conocer algo increíble. A veces lo único que necesitamos es estar quietos, desconectarnos de todo y conectarnos con nosotros mismos.

Aquí bajo la lluvia, empijamada, con el pelo desastroso, escribiendo El Viernes de Nicole, les puedo decir que le doy gracias a Dios de poder disfrutar de unos maravillosos días así. Que en alguna otra ocasión disfrutaré del sol y de mi bronceado caramelo tentación, pero por ahora disfrutar de hacer nada, es mi mayor deleite. Espero que ustedes tengan la oportunidad de disfrutar este maravilloso arte.

¡Feliz Viernes! 😊

2 comentarios en “Dolce Far Niente

  1. Roberto rodriguez dijo:

    Hola nicole. Yo pregunte si tendriamos el viernes de nicole como estamos de asueto pense que seria hasta la otra semana . Bueno yoa trabaje hasta el jueves como todos desean estar informafos y sabiamos que iba a llover por los pronosticos y las tormentas inundaeon la trece calle y desde sus camas y arropados la gente ve la tele mientras llueve.Asi paso la semana holgazanica.

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